¡Algo no suena bien!

Bienvenides a esta crónica sonora donde la música nos narra una historia de maltrato y sometimiento.  Canciones que cantamos, a veces a todo pulmón, que ponemos en fiestas, que dedicamos, que están ahí haciendo parte de un tejido que sostiene al machismo, que parece sutil, pero que a punta de notas musicales y letras de canciones, sostienen un relato de violencia.

Desde melodías infantiles y aparentemente inocentes como “Arroz con leche, me quiero casar, con una señorita de la capital, que sepa coser, que sepa bordar, que sepa abrir la puerta, para ir a jugar”. Pasando por canciones que romantizan el machismo como ese bolerito que dice “Te vas porque yo quiero que te vayas. A la hora que yo quiera te detengo. Yo sé que mi cariño te hace falta, porque quieras o no, Yo soy tu dueño”. O qué tal un  “Diomedazo” que a son de vallenato dice “Yo sé bien que te he sido infiel, pero en el hombre casi no se nota, pero es triste que lo haga una mujer, porque pierde valor y muchas cosas”. O peor aún,  ese rock en español de Café Tacvba que clarito habla de matar y que dice: “Tú jamás podrás borrarte, por eso ahora tendré que obsequiarte, un par de balazos pa’ que te duela. Y aunque estoy triste por ya no tenerte.  Voy a estar contigo en tu funeral”. Que no se nos pase el reggaetón con múltiples canciones para “perrear” de esas que dicen por ejemplo “ Si ella se activa va entrar en calor, dale un trago, fuletea de alcohol, que al rato van a sentirse mejor.  Música y alcohol…Pégala, azotala. Sin miedo que no hace naa”.

Dale play a esta crónica y piensa muy bien qué canciones vas a cantar y a bailar para la próxima.

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