“Imaginarios culturales en entornos escolares y su efecto en la construcción de nuevas masculinidades durante la niñez.” 

Andrés Mauricio Marín Correa

Especialización en Intervención Creativa 7 Cohorte

Colegiatura Colombiana Institución Universitaria

Asesora: Mónica Sepúlveda

 

Medellín

2015

 Estos pedazos de alma arrancados con amor son para los hombres y mujeres arrebatados hacia una sola orilla, separados y condenados a caminar por un solo sendero…

Para los niños que juegan con muñecas y ollitas, para los hombres que lloran, para los padres que miman…

  Para una afortunada sirena que navega hechizando curiosos oídos, ojos inquietos, sedientas manos, almas eternas… para la Luz del Mar.

CABALLITO DE MAR

Otras maneras de transitar como hombre

“La masculinidad obsesiva es siempre fuente de conflictos y de tensiones. Obliga a ponerse una máscara que simule una superpotencia y una independencia, matadoras. Y cuando cae la máscara se descubre un bebé que tiembla”.
David Gilmore, antropólogo

 Primera impresión: Octubre de 2015

Diseño gráfico, montaje y diagramación

Textos y cartografía: Andrés Mauricio Marín Correa

Medellín, Colombia

RESUMEN

Al hablar de identidad podríamos referirnos a la dimensión naturalista donde soy hombre o mujer biológicamente (identidad sexual), pero también podemos hablar de lo que se decide ser, de esa construcción cultural autónoma llamada identidad de género, una construcción que atraviesa todas las formas de relacionamiento y ámbitos, incluidos los entornos escolares.  De ahí que sea necesario pensar en una intervención pedagógica para abordar las relaciones de género en la escuela, como mecanismo para la promoción de otros modelos de masculinidad y feminidad que contemplen la libre expresión ético- estética y permitan replantear, entre otros aspectos, relaciones discriminatorias y violentas.

La oportunidad de la intervención de los imaginarios de género que se transmiten y refuerzan en la escuela y su relación con la trasferencia de estereotipos ligados a manifestaciones de violencia, conflictos en las relaciones entre hombres y mujeres y especialmente las limitaciones expresivas del ser humano; se evidencia porque existen pocas investigaciones que se interesen por el estudio de masculinidades y feminidades alternativas en la infancia, dejando el tema para el estadio de la adultez, cuando el imaginario está naturalizado y es más compleja su desinstalación.

Nuestras escuelas requieren revisar e intervenir creativamente sus modelos educativos,  trascendiendo el asunto de los estándares de calidad internacional y centrándose en la potenciación de la expresión creativa del ser humano, que en última instancia es lo que permite generar soluciones a diferentes situaciones de la vida diaria y en este caso particular, establecer relaciones de género  saludables.

INTRODUCCIÓN

Caballos de mar

  • Su forma de nadar es muy diferente a la de los demás peces. Adoptan una posición erecta, impulsándose con su aleta dorsal.
  • Son miméticos.
  • En esta especie animal es el macho quien se ocupa del desarrollo de los huevos. La hembra usa su ovopositor para insertar los huevos maduros dentro de la bolsa incubadora del macho, en donde son fertilizados.

 Como si se tratara de una cabalgata mágica a lomo de un hipocampo, estas letras representan una propuesta para atravesar límites, sueños viejos de únicas maneras de ser, reinos antiguos con monarcas que aún tienen poder sobre lo masculino y lo femenino como dimensiones desmembradas, separadas, opuestas.

Este es un llamado a la travesía y a la rebelión frente a la hegemonía patriarcal dominante que cercena la posibilidad creativa de ser otro, de ser muchos hombres; es un reconocimiento íntimo nacido de una historia de vida que pudiese ser la de miles de niños que procuran la libertad de sus creaciones, sus pensamientos y sus movimientos.

Caballito de Mar aparece navegando en los recónditos parajes del océano de un alma sedienta de respuestas y de cambio; de un pedazo de hombre hecho de fronteras en busca de la remoción de los imperativos categóricos masculinos, un guerreo en ardor hacia el derrumbe de estereotipos, hacia las palabras para nombrar a los nuevos hombres y sus realidades.

En este viaje a la otredad, se explora la lógica de la producción de sujetos masculinos similares y se expone, de la mano de la crisis de la modernidad, el surgimiento de lógicas nuevas en la esfera de las relaciones, la política y la estética. Mi viaje, al que ahora te invito como testigo, encuentra el aliento de sus pasos en la exploración de las nuevas masculinidades, en la sed de autonomía, en el contrapeso a la violencia y a la omnipotencia vertical del macho, que podrá, si lo decide, ser como el caballo de mar, padre – madre, pez y caballo, masculino y femenino…que podrá en últimas nadar a su forma sin destruir, sin padecer, sin prorrumpir, sin temer.

Son muchos los que nos habitan y en esa pluralidad también respira la diversidad de hombres, la propia variedad que me impele a desbordarme y a reclamar un espacio para la interlocución, para el disenso estético y comportamental, para mí.  Por este coral formado de reflexiones e intersticios reposan ideas, llamados y propuestas para la re-significación de la masculinidad, una tarea necesaria en un mundo dispuesto a la caricia, la creatividad y la  geografía de sueños sin bordes ni candados.

Esta es una búsqueda con origen en mi cuerpo y que hoy tiro a la deriva con el ansia de que llegue a orillas donde ojos frescos y rancios puedan sumergirse para intentar otro camino, otro imaginario, otro tránsito.

¡Arre, arre Caballito de mar!

NASCERE

Ahora recuerdo quien soy… un ser humano al que pensarse, sentirse y expresarse le ha sido complejo, porque la experiencia fue agotada en las manifestaciones de sexo y género.  Hombre: masculino, mujer: femenino.

¿Cómo poder estimular el yo creador si lo femenino que amo, al salir era herido, señalado, reducido ¿Cómo desarrollar el potencial creativo, si la religión y la ciencia redujeron el mundo a dos lados opuestos, que se miran de lejos y se desean profundamente, que se impiden el abrazo sin saber que son inseparables, y que como escuderos de esa separación tienen a doña Ligia la profe del kínder, a don Gustavo el chofer, a mi papá el policía, a mi mamá, amorosa pueblerina que evitaba el rosado en mi ropero, que cuidadosamente me corregía el caminar…¿Cómo ser en la oscuridad? ¿Cómo ser, deseando firmemente atravesar la orilla?

¿Es lo femenino un dominio de las mujeres? Lo objeto.  Lo femenino y mujer no son correlatos, no son términos equitativos. Y despojarme de esa atadura ideológica, donde la mujer detenta la soberanía sobre la feminidad, es también reclamar creativamente los atributos psico-morales que en ese universo se depositaron: la dulzura, la sensibilidad…y también reclamar los atributos físicos vedados para el macho: la sensualidad, la voluptuosidad y la suavidad.

¿Cuándo y cómo se asoció la feminidad con lo enigmático, lo misterioso, lo fértil?

¿Cuándo se nos negó a los hombres la fertilidad, la poetización del mundo?

¿Cuándo el arrojo, la valentía, la dureza, la actividad, la elocuencia, la racionalidad y la acción fueron exclusivos para los machos masculinos?

La división de los atributos morales, físicos y creativos entre lo femenino y lo masculino, dividió mi mundo, satanizó al hombre como agresivo y destructor, y fue el nido que calentó la violencia, no solo física, también simbólica.  La violencia que te dice mariquita, loca, pluma, raro…dañado.

Esa lógica marginó el ser creativo. Somos violentos cuando no nos reconocemos, cuando no nos damos voz, cuando impedimos las otras maneras del ser creativo, cuando no nos vemos, o cuando nos vemos para juzgarnos, cuando nos burlamos de la diferencia, cuando reducimos el mundo a solo dos caminos.

Soy un trasgresor que va de un mundo a otro, porque en lo femenino está la imagen que me gratifica y lo que te gratifica te da libertad, y lo que de la libertad te permite modelar tu proceder.

En mis registros hay una M que marca mi ruta y que dice que soy de género masculino, pero el género es una propuesta del otro, de la cultura, es un marcaje que nos podemos sacudir y esa es mi propuesta.  No estamos hechos de maderas distintas me dijo Carlos.  Nuestro orden de semejanzas nos hace dueños a la par de lo masculino y lo femenino para que lo usemos, nos adueñemos de ellos.  Por eso hoy me abrazo a mí mismo en tanto soy dueño de ambos universos, que son uno.

En una sola orilla no me basto, no tengo equilibrio en lo femenino que da el goce de lo inconcluso, de lanzarse más allá, de la sed de la exploración; y tampoco me hallo sin el goce de lo masculino que fija, que limita, que parece definido, esa fuerza que asienta… parece entonces que la creación es la sublime mixtura de lo femenino y lo masculino y allí es donde habita mi alma.

Estar sometido al impero de lo masculino me ha impedido explorar, asentar, me ha llevado a los terrenos del no concluir, me difumina en el eterno deseo.  El goce de lo femenino en cambio es un goce del ser, que es apertura, pero mutilada sin lo masculino.

Mi postura de búsqueda no pretende ser una reivindicación de derechos de género ¡No! Procura ganar fueros para la propia existencia, reivindicar el espacio de lo que gozo y de lo que soy, transformar claves simbólicas desde la diversidad, porque la realidad no cabe en una sola cuadrícula.

No abdicaré a ese dominio de mi vida, perseguiré la pregunta ¿Cuál es la imagen que me gratifica? Porque encontrarla es la puerta del ser.  Como hombre también soy recinto del goce del ser y en lo femenino también está la matriz de mi creatividad.

Para ser habrá que liquidar otras formas de haber sido, para pensar habrá que liquidar otras formas de ver el mundo.  En suma, si este reduccionismo en la concepción del género y el acorralamiento de lo femenino afecta las claves pedagógicas, políticas y éticas en el mundo ¿Cómo interfiere en el desarrollo del ser creativo? ¿Cómo interviene en mí?

La escuela y sus múltiples retos en una sociedad que le reclama acciones desde todas las perspectivas, también se ve enfrentada a la necesidad de dar cabida a la discusión sobre su papel en la construcción de nuevas masculinidades. Este espacio, además de procurar la formación  en ciencias naturales, matemáticas y lenguaje, está llamado a fortalecer la formación de seres humanos autónomos, capaces de recurrir a la argumentación deliberativa como apuesta de cimentación de un pensamiento abierto a la diversidad,  futuros ciudadanos con relaciones nutridas por el disenso y un sólido sentido humanista que permita el surgimiento de expresiones diferentes a las tradicionalmente presentes en aulas y textos escolares en referencia a lo que significa ser hombre en nuestra cultura.

La escuela entonces deberá perfilarse como un  escenario para el desarrollo de la abundancia de sentidos y posturas frente a la vida y a sí mismo, donde pensarse, sentirse y expresarse no sea impedimento, y donde la posibilidad de construir la propia identidad no se agote en las manifestaciones de género que expresan que hombre es igual a masculino y que mujer es igual a femenino.

Poder estimular el potencial creativo de los niños y evitar la reducción del mundo a dos lados opuestos, en constante tensión y que se alimentan de imaginarios culturales naturalizados, es un reto pedagógico y cultural, pero sobre todo, es un compromiso con la humanidad.

La apuesta de la escuela deberá ser transgresora y explorar el concepto de abundancia desde el precepto de la diversidad como potencia y de la libertad como camino para modelar los procederes de niños y niñas cuya humanidad sea cultivada con un acento especial en el respeto, la solidaridad y el pensamiento crítico.  En últimas, se trata de cultivar una postura ética y estética que contempla el género como un escenario de intervención, en la medida en que nuestro orden de semejanzas nos hace dueños a la par de lo masculino y lo femenino para que lo usemos, lo pasemos por el cuerpo y el pensamiento;   razón por la cual  permitir a los niños explorar lo femenino y lo masculino, es procurarles entender que no existen orillas separadas radicalmente y que la complementariedad es un escenario fabuloso para la creación y la re-creación.

Esta propuesta de exploración podría asemejarse al arrojo hacia la metamorfosis de la que habla Jean Baudrillard en su texto “El otro por sí mismo” (1997) cuando pregunta “¿Dónde está el cuerpo de la fábula, el cuerpo de la metamorfosis, el de puro encadenamiento de las apariencias, de una fluidez intemporal e insexual de las formas”. Ese cuerpo del hombre y de la mujer que exploramos es “capaz de todas las metamorfosis” y en ese sentido, se trata de propiciar la transformación de una sociedad que reclama y valida una forma única, un cuerpo preso, cuando el cuerpo es dual y fluido, “capaz de transfigurarse”.

La postura que este autor asume frente a las formas y los imaginarios, nos permite abordar una pregunta desde la perspectiva libre de los trazos morales e históricos que salpican y cristalizan los asuntos de género, para llevarnos a una posición de desestructuración. “Las formas juegan entre sí, se intercambian entre sí sin pasar por el imaginario psicológico de un sujeto. Allí, el mundo es mundo, y el lenguaje sólo una de sus formas posibles. Lo imaginario, nuestro imaginario, no es más que el vestigio psicológico del prestigio cruel de las formas y las apariencias. Es la forma degradada de la ilusión genial y del reino de las metamorfosis”.

Esa metamorfosis encuentra un nuevo sentido cuando de la mano de  Estanislao Zuleta en su texto Elogio de la Dificultad, se concibe la posibilidad de otras formas de pensar y de sentir, de otras verdades, discursos, voces, creencias y formas de habitar el mundo.  Esa verdad absoluta del machismo no existe, aunque sea  ofrecida en medios de comunicación, estrategias publicitarias, religiones y modelos educativos como única e inobjetable.

No obstante, esa verdad instalada que señala que “esto es para niños y esto para niñas” es la que se confrontará con todo y sus años de arraigo histórico y cultural que nos hacen creer que lo diferente es mi enemigo: “Una concepción paranoide de la verdad; en un sistema de pensamiento tal, que los que se atrevieran a objetar algo quedan inmediatamente sometidos a la interpretación totalitaria: sus argumentos no son argumentos sino solamente síntomas de una naturaleza dañada o bien máscaras de malignos propósitos. En lugar de discutir un razonamiento se le reduce a un juicio de pertenencia al otro –y el otro es, en este sistema, sinónimo de enemigo”.  (E. Zuleta)

Desde otra perspectiva, lo que hemos venido denominando verdad,  también puede abordarse a partir de lo que Esther Díaz llama en su texto “Nietzsche y la liberación del gran hastío”,  “el orden que se pretende válido”, esa misma ruta hegemónica donde no cabe la dialéctica, donde el otro no se escucha, donde la identidad se diluye.

“… Pero en una cultura en la que no se utilizarán abstracciones para imprimirle al mundo un orden que no tiene, no sería necesario exaltar lo múltiple. Lo múltiple simplemente se daría. En este plano, la noción de “lo mismo”, para Nietzsche, es la instancia en que no existe diferencia, porque no existe identidad. Identidad como categoría impuesta desde el exterior  para imprimir un orden que se pretende válido”.

Sin embargo,  esta identidad construida sobre bases esquemáticas a las que se refiere Nietzsche y que se utiliza como el mecanismo de control para aniquilar la diferencia y controlar el orden pactado por mayorías de ciertas minorías políticas y económicas, no es la identidad a la que aquí se hace referencia cuando se habla de reclamar fueros para la propia existencia.  Se trata en este caso particular, de la posibilidad de ejercer la libertad moral de ser,  en lo que el abogado colombiano Carlos Gaviria llamara “el ámbito propio que merece ser sustraído de todo control” y donde puede ubicarse la posibilidad de construcción de la identidad de género, desde la libertad de elegir como premisa máxima del pensamiento liberal.

Esta acción moral no estaría al servicio de la dominación, sino al servicio de la expresión de la identidad de manera libre y alejada de la especulación y el control, que nos permita como diría Esther Díaz “Morder la cabeza de la serpiente… terminar con la hegemonía de la racionalidad científica – matriz del pensamiento político- que nos atosiga con sus “verdades”.

En este punto cabe de igual manera complementar estas reflexiones con la posición de Eduardo Pellejero en “La transvaloración deleuziana de la relación con el pueblo”.  Ya no se trata entonces de la verdad, del orden que se presente válido o de la identidad controladora, sino de discursos colonizadores y de la resistencia a los modos hegemónicos de identidad que creen “las condiciones para la expresión de otros mundos posibles, los cuales, por la introducción de nuevas variables, viniesen a desencadenar la transformación del mundo existente”.

En este sentido, el llamado a la educación podría ser, si usáramos las palabras de Pellejero “… una lucha contra los discursos colonizadores que proclaman la inexistencia de un pueblo ahí donde se anuda una resistencia a los modos hegemónicos de identidad”.

Pero esta exploración sigue ganando acento cuando por su parte, Marilé de Filipo en “Arte y resistencia política en las sociedades de control. Una fuga a través de Deleuze” nos acerca de la mano de Foucault al concepto de sociedades disciplinares o de control y su entrada en crisis, para reforzar la idea de que “la relación polar, o dialéctica, o contradictoria, es la que ordena el universo de la ley, de lo social y del sentido”.

La meta es propiciar esa dialéctica entre lo femenino y lo masculino, ser  la heterogeneidad de la que habla Pellejero, contra esa “uni-dimensionalidad de todo orden hegemónico”, tomar la forma del otro al que me opongo de la misma forma en que Italo Calvino opuso al camellero y al marinero en los confines de Despina.  Y para hacerlo se plantea como posibilidad un camino desde el arte, el cual encuentra sus fundamentos en las reflexiones y presupuestos de Marilé de Filipo, quien refiriéndose a Deleuze nos invita a preguntarnos si el arte puede constituirse en una forma de resistencia en las sociedades de control.

“El arte crea y en la medida en que crea; resiste. Así como la filosofía crea conceptos, la ciencia prospectos y funciones, el arte crea perceptos y afectos. La creación escapa a la comunicación. Deleuze sostiene que concebir una idea no es del orden de la comunicación, resulta irreductible a ella. Mientras que la comunicación trasmite información, es decir, consiste en hacer circular palabras de orden, por lo tanto, en propagar el sistema de control, el arte se opone  a ella a partir de la creación”.

Desde esta lógica, la propuesta de intervención de los imaginarios culturales en entornos escolares asume el arte como forma de desestructurar el orden establecido para crear nuevas posibilidades de ser hombre y de ser mujer, para fugarse de esta sociedad de control donde códigos validados por la información que circula nos plantea sendas férreas, que al atrevernos a desafiar representan discriminación, opresión, liquidación de la opinión diferente. De tal forma que si “el arte resiste a estos modelos hegemónicos y homogeneizadores mediante los cuales se da forma al sentir, ver y decir de los sujetos”, la salida ante este hecho que expone De Filipo será la creación de perceptos y afectos que  debiten en las lógicas de control, que nos permitan borrar las orillas entre lo que debe ser y crear un hombre y una mujer, que nos posibilite deformar el cliché,  cuidándonos  como expresa el autor,  de no caer en uno nuevo.

La cuestión según esta postura “radica en la producción de creaciones que trastornen los moldes perceptivos y afectivos dando lugar a otros órdenes de sensación y sentido”, un asunto que en este caso podría relacionarse con la dinámica de los imaginarios de género y sus lógicas de operación.  Es decir, replantear imaginarios, cuestionarlos, abordarlos con profundidad académica e intervenirlos, podría representar la creación de esos otros órdenes de sensación y sentido, podría abrir un espacio para la fuga, para darle espacio a la alteridad en esa expresión.

El llamado en este recorrido por autores y posturas es entonces a fugarse desde la perspectiva que asume Deleuze cuando habla del devenir que escapa al control y que las minorías no cesan de resucitar y de resistir.  Se trata de hacerse minoría junto con los hombres que reconocen en el femenino su matriz creativa,  y más allá de exponer el descontento hacia el modelo de masculinidad hegemónica patriarcal, se trata de buscar nuevas formas de expresión de lo femenino y lo masculino que habita en los seres humanos.

“Devenir es devenir minoría y las mismas minorías son un devenir, un proceso, que se distinguen de las mayorías no por cuestiones de índole numérica sino por la conformidad o disconformidad con un modelo. Las mayorías son modelo, las minorías se sustraen a él, se escapan, se ríen. El devenir minoritario viene atado a la creación, la minoría siempre es creadora. La noción de minoría supone, entonces, también la idea de una sociedad habitada por líneas de fuga que proponen escapes en todas las direcciones, invitando a ser seguidas. Así es que debe dársele un estatuto a las máquinas de guerra como formas de ocupar el espacio-tiempo y de inventar nuevos espacios-tiempos”.

En ese sentido, fugarse en el universo del género como ha sido abordado en nuestra cultura, permitirá hacer visible nuevos órdenes sensibles, discursos, expresiones del devenir que en vez de producir “subjetividades y modos de vida obedientes al control que sostienen el orden de lo homogéneo”, den paso a lo que de manera tan contundente De Filipo llama “torbellinos que desmontan el sentido imperante”.

Sin embargo, desobedecer ese control trasciende el hecho de la opinión y sugiere un arduo trabajo que en este caso tendrá la escuela como escenario, a los docentes, padres y niños como sujetos de intervención y al arte como estrategia para propiciar ese devenir que Di Filipo define bellamente como “volverse otro y que el otro se vuelva otro, es la introducción de la alteridad, de lo otro en lo mismo, de la minoría en la mayoría”. Devenir será entonces atravesar esa orilla.

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3 comentarios
  1. Tenemos mucho camino por recorrer en el tema de las masculinidades alternativas u otras masculinidades. Gracias Andrés por contribuir al recorrido. Mucho por aprender y demasiado por hacer, todos podemos sumar.
    ¡Un abrazo!

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